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Arqueología
 
Antinoópolis:
Memorial para un amor imperial

    El duelo del emperador Adriano por la muerte de su inseparable amante Antinoó dio pie a una de las historias trágicas más cantadas de la Antigüedad. El mancebo cayó por la borda de la nave en la que navegaban por el Nilo y se ahogó antes de recibir ayuda en un lugar del Egipto Medio. La desgracia ocurrió el 22 de octubre de 130 d.C.

    El dolido emperador, llevado por su enorme cariño, mandó erigir un monumento a su memoria que debía superar a cuanto otro se hubiera erigido antes en nombre del amor; sobre la ribera oriental del río, a la altura en donde había perdido irremediablemente a Antinoó, mandó construir la ciudad que llevaría su nombre: Antinoópolis, “la ciudad de Antinoó” ( también llamada Antinoé, actual Sheij Abada).
De acuerdo a las concepciones egipcias antiguas, Antinoó había regresado ipso facto a la matriz de la existencia universal, ya que las personas que morían ahogadas en el Nilo eran inmediatamente acogidas por Osiris, el dios de los muertos, pues él mismo había fallecido de esa misma manera.

    La deificación (o, al menos, espiritualización reverente) de sus personas era una costumbre que venía de antiguo en la tierra de los faraones; por eso no debe extrañar la rápida aceptación que tuvo la elevación de Antinoó al rango de “dios oficial” del panteón romano, bajo el nombre de “Osirantinoó” (i.e., Osiris-Antinoó), cuyo culto se extendió por todo el Imperio.

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