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Escritura
 
Reinterpretaciones en el vocabulario egipcio:
Dos casos reveladores

    La lectura, el entendimiento y la interpretación del contenido de los textos religiosos del antiguo Egipto, a pesar de los avances alcanzados desde Champollion hasta ahora, se presenta como un desafío permanente para quienes buscan extraer de ellos su trasfondo ideológico genuino.

Una tarea espinosa

    Penetrar en la mentalidad egipcia antigua resulta, la mayoría de las veces, una labor muy difícil para el estudioso – cuanto más para el neófito -; sin embargo, tan riesgoso e incierto ejercicio intelectual es, probablemente, uno de los que más grandes satisfacciones brinda al investigador que logra, aunque más no sea, tener un destello iluminador del inagotable imaginario del mundo de los faraones.

    Los estudios destinados a reconstruir el sistema de pensamiento antiguo deberán ser, forzosamente, parciales e insuficientes como para hacerlo en su totalidad, pero cada paso en firme contribuye a rearmar el “mosaico” de ese ideario perdido.
Por este motivo, consideramos oportuno presentar, en esta oportunidad, algunas reflexiones que, comenzando como discusiones de filología, en realidad apuntan a deshilvanar la madeja de las relaciones existentes entre ciertos motivos mitológicos que no resultan aparentes a primera vista, pero que conciernen a su correcta interpretación y cabal comprensión.

Caso I: El Puño y la Luz

    El sustantivo femenino amemet, “puño”, denomina al agente de la acción denotada por el verbo masculino amem, “empuñar, coger (en un puño)”. Usualmente, se admite que el último es una forma verbal 2ae. gem., hipotéticamente originada por reduplicación a partir de un simplex masculino: * am, el cual, sin embargo, nunca se ha encontrado atestiguado en la documentación existente a la fecha.

    Por otra parte, hay otro término que pertenece a la misma familia homófona; a saber, el verbo 2-lit.: am, “arder, quemar, prender (fuego)”, qie Sir Gardiner sugirió que podría haber sido, en sus orígenes, una forma 3-lit.: * am(i) o am(u), aunque tampoco pudo citar un solo ejemplo que testimoniara su existencia y, hasta hoy, nadie parece haber encontrado uno.

    Notemos que la raíz geminada amem, hasta el momento, está únicamente atestiguada para el verbo “empuñar”, pero no para “arder”, que se escribe exclusivamente como am en todos los casos conocidos, aún cuando admita el fenómeno de la geminación por reduplicación de la última sílaba, i.e., am >

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