HOME | ARCHIVO | CONTACTO | NÚMEROS ATRASADOS | SUSCRIPCIÓN  
Religión
 
El sexo sagrado
" feliz encuentro" entre el cielo y la tierra

    El erotismo y la sexualidad, plasmados en los mitos, las creencias y las representaciones de los obeliscos y los pilares djed, presenta en el Antiguo Egipto elementos simbólicos relativos a los rituales de la fertilidad y de la vegetación similares a las religiones semíticas, pero con significativa originalidad; producto de su sociedad, su entorno físico y su particular concepción del cosmos en la constante búsqueda de la verticalidad.

    El hombre arcaico, en el desarrollo sistemático de su pensamiento religioso, dió atributos y funciones a las oscuras fuerzas de la naturaleza y a los misterios que le rodeaban, personificándolas en diversas funciones, según su cosmovisión. A pesar del tremendo temor que le producía sus avatares no podía dejar de fascinarle. Pronto todo su mundo se pobló de seres ambivalentes, genios, dioses y demonios que influían en su vida y controlaban su destino.

    En otras palabras, desde esta mentalidad mítica, diversas experiencias estremecieron al pensamiento humano, entre ellas la subsistencia (caza, recolección y agricultura), el misterio de la muerte (enterramiento y tratamiento del difunto) y el poder de transmitir la vida mediante la reproducción sexual (símbolos y ritos relativos a la fertilidad).

    Los procesos descriptos se pueden aplicar fenomenológicamente de la siguiente manera: un individuo funciona, como tal, individualmente, pero también como complemento de otro, i.e., es un ser social y se desarrolla culturalmente en la concepción dual (en pareja). Por lo tanto, se agrupa en clanes, adquiere mujer y al tener simiente, se reproduce en un ser igual a él (a imagen y semejanza). Así, su sentencia dual pasa a desarrollarse en un terreno tripartito. De alguna manera tener un hijo es detener el tiempo, es lograr la trascendencia que la pareja por su naturaleza finita no puede, y el acto sexual es el rito mágico que lo produce.

    El "homo religiosus" tiende a objetivar los sucesos de su propia experiencia en otros planos de la realidad, transfiriendo estas funciones básicas de toda sociedad a una dimensión simbólica, imaginativa y existencial.

    En esta misma corriente, en la mayoría de los pueblos del Oriente Antiguo, el papel masculino lo asume la hierofanía del cielo, como símbolo uránico de trascendencia e inmutabilidad; guardián del orden y de las leyes que rigen y controlan el universo.

    Por otro lado, la tierra pasa a cumplir el papel femenino, activo, de gestar vida en su interior y dar lugar al crecimiento de las cosechas y los frutos estacionales; esta es fecundada por las precipitaciones, o aguas seminales, que son provistas desde "arriba".

    Esta teovisión se puede observar en los ciclos míticos de las principales religiones orientales, donde el cielo (lo que esta arriba), como elemento masculino y generador de vida, fecunda y fertiliza a la tierra (lo que esta por debajo de él).

Secciones Fijas