 Rostros
Silenciosos :
Los retratos grecorromanos de Menfis
En el extremo occidental
de Saqqara se encuentra el Serapeum, que guardaba las sepulturas
de los toros Apis desde los días de Ramsés II. Ptolomeo I fue quien
introdujo el culto a Serapis y con quien Menfis volvió a florecer
como antaño. Los cultos griego y egipcio se aunaron allí con devoción
y Saqqara reverdeció como un lugar de peregrinajes religiosos.
Los toros eran inhumados en medio del
luto generalizado y muchas capillas fueron erigidas en nombre de
Apis y Serapis. Cerca del sacro enterratorio se construyó la Exedra,
un semicírculo en el que desembocaba la avenida de esfinges que
conducía al mismo y que estaba rodeado por las estatuas de diez
filósofos y poetas griegos de excelencia y fama indiscutidas. Esta
simbiosis greco-egipcia se encuentra en abierto contraste con la
actitud que tendría Octavio – luego César Augusto – durante su estadía
en Egipto, después de derrotar a Cleopatra VII y de anexar el país
al imperio romano. Cuando se le invitó a saludar al toro Apis, despectivamente
respondió que estaba “acostumbrado a adorar a los dioses, no al
ganado” (citado por Dio Casio, 51.16.5; y por Suetonio, Vida de
Augusto, 93).
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