 Relaciones
entre Egipto e Israel durante el Tercer Período Intermedio
(Parte I)
Al tratar de armonizar
los sucesos bíblicos con la cronología egipcia, parece más fácil
arrancar desde el primer milenio a.C. en adelante. Con el advenimiento
de la monarquía, la historia de Israel abandona el ámbito del mito
y la leyenda etiológica para integrarse, en forma natural, al vasto
escenario del Cercano Oriente.
Esto,
en parte, ha permitido delinear a grandes rasgos una correspondencia
entre el texto bíblico, como fuente histórica, y los
registros de Egipto, Siria y Mesopotamia.
Las referencias a Egipto que figuran en
las Sagradas Escrituras hebreas durante el segundo milenio, si bien
son más abundantes, como las visitas patriarcales al país,
la esclavitud y el Éxodo - que tratamos aquí mismo
en una nota anterior -, no dejan de tener lagunas casi insalvables.
La naturaleza de las fuentes presenta lagunas que, hasta ahora,
la Historia y la Arqueología no han podido resolver definitivamente.
Las razones de dicha dificultad son evidentes:
en ninguna parte del Pentateuco (los primeros cinco libros de La
Biblia) se da el nombre de los monarcas egipcios. Eso nos permitiría
trazar una concordancia temporal entre la historia de Egipto y la
de Israel. No sucede así durante la época monárquica
israelita, en la primera mitad del primer milenio (Hierro Ib; IIa),
cuando el registro bíblico rompe el silencio.
En el bloque deuteronomista (nombre técnico con el que se
conoce a los libros bíblicos, desde Josué hasta Reyes),
se mencionan varios gobernantes - entre ellos, a algunos reyes egipcios
- a partir del Tercer Período Intermedio. En esta primera
parte, abarcaremos desde el comienzo de la Veintidós Dinastía
hasta la invasión asiria a Palestina.
En el presente artículo, se estudiará
a dos monarcas egipcios: Sisaq y So. En su continuación,
trataremos el resto de los faraones que se mencionan en La Biblia
y que datan del Período Tardío.
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