 Merytneit,
la primera faraona de Egipto
Cuando pensamos en las
"faraonas" del antiguo Egipto, de inmediato evocamos en nuestra
mente las inmortales imágenes de Hatshepsut o Cleopatra VII, olvidando
que milenios antes que ellas otras mujeres ya habían sentado sus
reales sobre el trono de los faraones. El primer caso conocido es
el de la reina Merytneit de la primera mitad de la Primera Dinastía.
El llamado Período Arcaico o Tinita,
que comprende las dos primeras dinastías del Egipto faraónico
propiamente dicho, es una de las etapas más difíciles
de su historia.
El material no es suficiente como para ganar
un cuadro acabado de los eventos que se sucedieron a lo largo de
no menos de trescientos o cuatrocientos años - según
la cronología que se use -; el orden de sucesión de
los monarcas es incierto y muy discutido todavía en la actualidad,
por no decir nada acerca de las identificaciones y relaciones existentes
(o no) entre sus nombres-de-Horus (serej) y aquellos consignados
en las Listas Reales nativas y las diferentes versiones sobrevivientes
de la Crónica Egipcia de Manetón.
En
medio de todas estas dificultades se cuenta uno de los enigmas que
más ha desconcertado a los especialistas desde la fecha misma
de su revelación, a principios del siglo XX, cuando Sir W.M.
Flinders Petrie exhumó, durante 1900, en la necrópolis
regia de la Primera Dinastía de Umm el-Gaab (Abidos), una
sepultura (tumba "Y") que presentaba todas las características
de un entierro soberano, pero que a posteriori se demostró
pertenecía a una mujer cuando, cincuenta años más
tarde, W.B. Emery, trabajando en el cementerio arcaico de Saqqara
Norte, dio con otro mastaba que según todas las evidencias
debía serle atribuido a la misma persona.
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