 La
escultura religiosa de Tutânjamon:
Un asunto de propaganda política
Luego de la abrupta desaparición
de Ajenatón y la "revolución amarniana", la situación de Egipto
en el contexto mundial no era favorable, la unidad interna estaba
dividida, la economía arruinada y la sucesión al trono era un dilema
que solamente Ay supo manejar y conducir hasta un "final feliz"
para las Dos Tierras: el niño Tutânjamon sería la imagen misma de
la Restauración del pasado.
La crisis que desató la muerte -
u homicidio, que es casi seguro que le mataran - del revolucionario
Ajenatón es fácil de imaginar, pero difícil
de confirmar en los escasos documentos que verdaderamente nos permiten
obtener un atisbo de lo que en realidad ocurrió en esos tiempos
tumultuosos.
En lo que todos estamos de acuerdo es en
que su primer sucesor en firme fue Tutânjamon, probablemente
su hijo habido con la reina secundaria Kiya. Smenjkara es una figura
muy nebulosa como para detenernos en ella aquí, pues nuestra
intención es muy otra en esta oportunidad.
Hoy
en día caben pocas dudas que el retorno a la ortodoxia tebana
y el culto de Amón se debió a la mano conductora del
"padre divino" Ay, a quien incluso se le atribuye la redacción
del texto del edicto del rey conocido con el nombre de "la
estela de la Restauración", erigida a los pies del Tercer
Pilono del Gran Templo de ese dios en Karnak (Urk. IV: pp. 2025-32).
El contenido de la estela habla sobre cómo
Tutânjamon subió al trono para encontrarse con que
el país, sus templos y sacerdocios, estaban en la ruina,
luego del reinado caótico de su antecesor, y que procedió
a su inmediata restauración.
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